No recuerdo desde mi infancia haber tenido vocación por alguna otra cosa que no fuese la medicina. Ocasionalmente, analizo el por qué y, honestamente creo que, además de la influencia que el entorno familiar pudo haber ejercido en mí, el impulso decisivo lo dio mi abuelo paterno, que fue practicante y ortopedista, profesión esta última que mi padre ejerció durante toda su vida, y de él aprendí su vocación por el trabajo y ayuda a los demás. Otros factores, como la curiosidad por los procesos de la vida y, sobre todo, la necesidad de ayudar a los demás, me llevaron a tomar la decisión de ser médico.

El por qué de la especialidad de Neurocirugía obedece a la increíble atracción y fascinación que en mí produce el sistema nervioso como el principal motor de la existencia humana puesto que, sin él, no serían posibles el pensamiento, los sentimientos y la comunicación. Dentro del sistema nervioso me he decantado por el tratamiento de la patología?a de columna o raquis, porque las enfermedades que afectan a las mismas, además de ser cada vez más frecuentes, ocasionan un enorme sufrimiento e importante limitación para la vida cotidiana del enfermo y frecuentemente de su entorno familiar y social. Asimismo, tengo que reconocer la inquietud científica y profesional que me ha producido las posibilidades de avances y desarrollo que podríamos calificar de vertiginoso en este campo, tras el desarrollo y aplicación de técnicas radiológicas como el TAC (escáner) y la RNM (resonancia magnética) con la que hemos crecido todos los profesionales de mi generación.

Algo que aprendí durante mi formación y que he desarrollado y potenciado durante mi vida profesional, es el hecho de ?comprender al paciente?, estableciendo vínculos que permitan entender que la solución de sus patologías e, incluso, la de los problemas que de los tratamientos pudieran derivarse, solo se consiguen de forma satisfactoria cuando funciona el binomio médico-paciente.

También considero de gran importancia utilizar el tiempo que sea necesario a fin de explicar de forma comprensible para el paciente el origen y naturaleza de su enfermedad, así como las posibles soluciones y expectativas que de las mismas pueden obtenerse, dado que el único remedio para el miedo que la enfermedad nos produce es el conocimiento de la misma.

-Rodolfo Rodríguez-

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